miércoles, 10 de julio de 2013

Educación y Creatividad



La creatividad es el proceso de presentar un problema a la mente con claridad (ya sea imaginándolo, suponiéndolo, meditando, contemplando, etc.) y luego originar o inventar una idea, o concepto  según líneas nuevas o no convencionales. Supone estudio y reflexión más que acción.

Creatividad es la capacidad de ver nuevas posibilidades y hacer algo al respecto. Cuando una persona va más allá del análisis de un problema e intenta poner en práctica una solución se produce un cambio. Esto se llama creatividad; ver un problema, tener una idea, hacer algo sobre ella, y obtener resultados positivos.

En la época actual, época de cambios, de la globalización, época de la computación  y multiplicación de la información, no podemos ser ajenos a esos cambios, a la velocidad en que se presentan y se hace imprescindible modificar la forma de pensar, la forma de actuar. El pensamiento lógico que ha guiado nuestras vidas ya no tiene validez en un ambiente cada vez más agitado. Hay que tomar en consideración, que el pensamiento creativo no es solo constructivo, también es destructivo. Con frecuencia tenemos que romper un patrón, una regla, un paradigma, para descubrir uno nuevo. Romper las reglas no lo conducirá necesariamente a ideas creativas, pero es una vía en muchos casos. No obstante, la habilidad de ser creativo, la potencialidad de la creatividad, no se pierde, sólo se esconde, se opaca, pero esa habilidad, esa actitud, puede ser recuperada, redescubierta, puede ponerse en práctica, si trabajamos en ello. Hay que restablecer la curiosidad como acción constante, la capacidad de improvisación, la generación de alternativas, la búsqueda de nuevos caminos aun no recorridos.

Nuestro sistema educativo tiene que estar orientado hacia el futuro, tenemos que educar hoy, pero pensando en que esos conocimientos se pondrán en práctica mañana, sobre todo en la etapa de formación de profesionales tenemos que intensificar el desbloqueo de la Creatividad. Podemos preguntarnos ¿Qué puede hacer la educación para favorecer la Creatividad? Son muchos los planteamientos que podemos hacer y que debemos tomar en consideración aquellos que, de una u otra forma, intervenimos en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Hay que favorecer la creatividad desde la niñez. Debemos ayudar al niño y al adolescente a encontrar su vocación y liberarse. Tenemos que proponer el uso de los juegos de fantasía y los relatos fantásticos y estimular la producción de los mismos.

Hay que propiciar una educación que tenga muy poco adoctrinamiento y que impulse el autodesarrollo, el desarrollo de la sensibilidad y lograr un clima de amor y felicidad como entorno educativo. El uso y /o creación de metodologías que potencien este aspecto es una tarea fundamental de las instituciones educativas.

Para ser creativo en la vida moderna, tenemos que ser capaces de prever los acontecimientos negativos, de visualizar las complejidades de los cambios, de prepararnos para las soluciones que van a requerirse, pero mucho más que eso, tenemos que estar preparados para generar muchas alternativas, muchas soluciones, muchas opciones a cada uno de los diversos problemas que se puedan presentar, en dependencia del rumbo, cada vez más incierto, que puedan tomar los acontecimientos que nos rodean y nos afectan o benefician.









viernes, 7 de junio de 2013

Mapa Mental Camila Llanca / Úrsula Vargas/Katherine Zuñiga


Crear su propio mapa mental a MindMeister

Ensayo: "La transformación de la identidad a través de Internet"

El tema de la identidad siempre ha sido tema de discusión, pues siempre ha interesado saber quiénes somos y porque necesitamos una identidad. Nuestro yo se conforma a partir de la adaptación del ser al medio. Puede que algunos de los factores implicados en la construcción de nuestra identidad social sean reconocibles en la formación de nuestra identidad virtual. Por tanto se pueden establecer un paralelismo entre la vida real y la virtual que conlleva a patrones comunes de identidad en el individuo. La identidad virtual es fluida; se basa, al igual que la social, en ajustes provocados por la naturaleza de las circunstancias. La fluidez de la identidad, así como de nuestra sociedad, es una vía de adaptación al mundo.

En la red, adoptamos la identidad que aparece en nuestra pantalla e incluso nos apropiamos de ella, consciente o inconscientemente, identificándonos con ella. Con frecuencia cómo nos comportamos, virtualmente hablando, no tiene ninguna relación con cómo lo hacemos cotidianamente. Si en algo se caracterizan las comunidades virtuales es, precisamente, por la fragilidad y la temporalidad de la comunicación. No obstante, no se debe pasar por alto la importancia de la rutina  de nuestras conductas y esquemas de pensamiento en la red. Una vez cubiertas las necesidades básicas, desarrollamos necesidades y deseos más complejos orientados hacia la autorrealización.

Las actitudes, además de estar determinadas por creencias, predicen conductas cuando están bajo el control de la voluntad, siempre y cuando se encuentren en un mismo nivel de especificidad. Además, la intención de realizar o no realizar una conducta viene determinada, por un lado, por las creencias de lo que creo que debo hacer y, por otro, la percepción que tenemos sobre lo que creo que otro individuo creen que debo hacer.

En la identidad virtual confluyen tanto fenómenos de identidad colectiva como individual o personal.  Pero el estudio de la identidad virtual se da del análisis de otros componentes, tales como nuestros comportamientos en la red así como el entendimiento del cuerpo virtual como parte esencial de nuestra identidad. Podemos entender que la identidad virtual no es más que un resultado adaptativo del individuo a las nuevas circunstancias y a la naturaleza del contexto. En la red podemos cambiarnos de nombre, de edad, de color de piel o de apariencia, adoptando tales identidades que, a priori, sólo afectan al individuo. Pero no siempre es así. En las redes sociales, por ejemplo, mentimos en cuanto a nuestra identidad y se acepta. No nos importa, total, seguramente no conoceremos nunca a esa  persona. Tampoco nos sentimos responsables de su sufrimiento si se siente engañado/a con nuestras  acciones ya que, total, no lo vemos, no lo padecemos. Alimentamos identidades imaginarias que forman parte de nuestro yo, nos apropiamos de ellas por momentos. Y quizás no sean tan duraderas, ni se desvanezcan tan rápido en nuestra persona como lo que dura nuestro computador encendido.